Reflexología Facial

La reflexología facial es una técnica moderna que tiene sus raíces en la medicina oriental. Es un método que, principalmente, trata de solucionar la causa de una enfermedad. Esto quiere decir que, en lugar de tratar los síntomas, se analizan y se tratan los desequilibrios orgánicos, físicos y emocionales, que normalmente son los causantes de diversos malestares.
Los métodos que se utilizan actualmente han pasado por largos tiempos de investigación y por una metodología combinada de la medicina oriental, las técnicas primitivas de los aborígenes e investigaciones modernas de neuroanatomía. Se puede decir que la reflexología facial es una combinación de la zonaterapia y la reflexología actualizada, a través de observaciones neurológicas.
Protocolo de tratamiento
La reflexología facial se basa en siete pasos básicos:
En primer lugar, se desbloquean los canales de comunicación (sistemas nervioso, circulatorio y meridianos). Para, seguidamente, buscar las alteraciones y la causa del desequilibrio.
Sorensen emplea con sus pacientes hasta 564 puntos y combina este método con otros, entre los que se encuentran la reflexología podal clásica, la electroestimulación y la terapia láser.
Los pasos básicos empiezan con la estimulación de 21 puntos de acupuntura del rostro que corresponden a los diferentes órganos.
Posteriormente, se trabajan zonas muy concretas del rostro, en las que se encuentran redes nerviosas conectadas con los órganos.
El tercer paso está relacionado con el mapa de regiones del rostro, interrelacionadas con los meridianos. En este paso, los movimientos serán más cortos y dinámicos, ya que su principal objetivo es tratar. Deberá insistirse en aquellas zonas en la que se hayan detectado bloqueos en las fases anteriores.
En las dos últimas fases, se estimulan y activan las extremidades, las articulaciones, los órganos de los sentidos y la estructura ósea.
Lone Sorensen, la creadora del método profesora de reflexología facial, podal y manual, estudió educación terapéutica en Dinamarca en 1978 y, posteriormente, en Francia, Chile y Alemania.
Fundadora de la reflexología y de tres escuelas en Argentina, desarrolló la terapia de la reflexología facial.
En los últimos años se ha encargado, con su marido Dr. Marcelo Lopez, de un proyecto en un centro para la rehabilitación de pacientes con lesiones cerebrales en Dinamarca, donde su concepto ha sido evaluado y aprobado.
En marzo de 2001 obtuvo el premio de nobleza de la OHMS en Argentina por sus trabajos de investigación, convirtiéndose en la primera reflexóloga en el mundo en recibir un reconocimiento por su trabajo, tanto en zonaterapia como en reflexología podal, manual y facial.

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