Helioterapia, los beneficios de las terapias con luz Solar

La importancia del Sol para la vida es incuestionable: de su energía dependemos todos los seres vivos. Las plantas necesitan del Sol directamente para la función de la fotosíntesis, y los animales necesitamos a las plantas para respirar y vivir.

El ciclo del día y la noche regula las funciones de los organismos vivos, y el Sol es, en última instancia, responsable del clima. Finalmente y sin lugar a dudas, el Sol es una herramienta Terapéutica.

Durante muchos siglos y en la mayor parte de las culturas que conocemos, la exposición al Sol, evidenciada por el color moreno de la piel, era propia de las clases sociales mas bajas, que pasaban gran parte de su tiempo viviendo y trabajando a la intemperie. Las clases acomodadas, tenían la tez blanca o rosada, pues evitaban la exposición de los rayos solares por medio del vestido y de complementos como las sombrillas.

Formalmente la medicina reconoce los baños solares como medicinales hasta mediados del siglo XIX, complementados con el aire de mar o de la montaña. En la actualidad, además de reconocer la acción positiva del sol, también se han señalado los efectos negativos y perjudiciales, por lo que debemos tomar precauciones. El riesgo de padecer algunas formas de cáncer se ha incrementado en los últimos tiempos a causa del debilitamiento de la capa de ozono.

Los rayos solares están constituidos por radiaciones de distintas longitudes de onda, es decir, capacidades energéticas, lo cual es observable cuando se les hace pasar por un cristal tallado o cuando vemos el arcoíris. Los distintos colores van desde el rojo al violeta, forman el espectro visible de luz solar, pero además existen radiaciones no visibles, con longitudes de onda situados por debajo del rojo (infrarrojas), o más allá del violeta (ultravioletas). Otros tipos de radiaciones del Sol son absorbidos por la atmósfera.

Las radiaciones infrarrojas son las responsables del efecto térmico, y las ultravioletas de la pigmentación, actualmente existen lámparas que producen selectivamente un tipo u otro de radiaciones.

Los rayos del Sol en la piel producen una dilatación de los vasos sanguíneos que se encuentran próximos a la piel. Así, el primer efecto a la exposición del Sol es el enrojecimiento acompañado de calor en las partes expuestas, también conocido como “eritema solar”. El tiempo que tarda en aparecer es variable, dependiendo de la intensidad, tiempo y tipo de piel (la piel blanca es más sensible). Después de la fase de eritema, si se mantiene la exposición pueden producirse quemaduras, con formación de ampollas rellenas de líquido y la posterior pérdida de la capa de la superficie.

Ante la exposición del Sol, la piel se defiende aumentando su pigmentación mediante la producción de melanina, una sustancia elaborada por células especiales, y aparece progresivamente el color moreno que todos conocemos.

Para evitar la aparición de quemaduras, la exposición al Sol debe ser progresiva, en sesiones breves los primeros días y preferentemente a primera o última hora, cuando la intensidad es menor. En las sesiones siguientes puede aumentarse el tiempo de exposición, pues la piel ya ha tenido posibilidad de prepararse mediante la producción de melanina.

Los rayos solares también son indispensables para la producción de vitamina D, que ingerimos en muchos alimentos vegetales, y que necesitamos para la calcificación de los huesos y, en general, para un correcto metabolismo del calcio y del fósforo en el organismo. La falta de vitamina D produce raquitismo, enfermedad en la que los huesos largos se curvan debido al peso del cuerpo. En adultos produce una fragilidad ósea que facilita la aparición de fracturas ante traumatismos mínimos.
Baños de Sol
Desde tiempos pasados se han observado los efectos beneficiosos del Sol para curar abscesos (acumulaciones de pus) cutáneos o para favorecer la cicatrización de heridas, al disminuir el tiempo necesario para su curación total.
Los baños de sol están especialmente indicados para niños en edad de crecimiento. Finalmente, la luz solar también se emplea como coadyuvante en el tratamiento de estados depresivos.

Sorprendente ejercicio con el Sol
Los Rayos del Sol activan la dopamina y la serotonina. La contemplación del Sol es muy benéfica para la cura de enfermedades, desde la antigüedad, no solo “adoraban” al sol, sino que se “alimentaban del sol”.
Repasemos la cadena alimenticia: Las plantas hacen fotosíntesis con el Sol, después hacen clorofila, los animales se comen las plantas, y nosotros a los animales….al final, el Sol nos alimenta.

Ejercicio para reprogramación mental y cura de enfermedades
(Personalmente lo seguí durante tres semanas consecutivas, y encontré resultados sorprendentes… pero es mejor que cada quien lo viva)
1) Ver el Sol durante diez segundos el primer día, e ir incrementando de 10 segundos diariamente
2) El ejercicio debe hacerse solamente durante la primer hora de Sol (amaneciendo) o la última hora de Sol (el ocaso) para evitar daños en la retina.
3) Día 1= 10 segundos
Día 2 = 20 segundos
Día 3 = 30 segundos
Día 4 = 40 segundos

Si un día está nublado (solo primera o última hora del día), tres segundos de nublado equivalen a uno con Sol directo… al siguiente día, que no está nublado, se regresa al número de segundos indicado

Con este ejercicio, a los tres meses serian 900 segundos = 15 minutos por día, así que puede seguir haciéndose durante la primer hora de sol (o ultima) del día.

Con este ejercicio, se obtienen muchas cosas tanto físicas como mentales y espirituales.
Los rayos del Sol, además de las ondas (frecuencias) visibles de luz, hay muchas frecuencias que no percibimos, que no identificamos, pero que a través de la visión, entran a nuestro cuerpo.

Estas frecuencias, esta energía, es información que de alguna manera llega a la Tierra y podemos recibirla. Es información de nuestro Sol, de nuestro Universo.

Los primeros cambios que vemos con este ejercicio (no necesariamente al primer día, claro), es una limpieza corporal, una activación y sensación de equilibrio de nuestro cuerpo. Hay que ver el sol con respeto, esperando recibir la información a nivel celular que haga sentido al equilibrio que buscamos.

Después de esta limpieza, empieza una fase de sanación de múltiples cosas, de manera natural, para después pasar a una etapa de apertura de conciencia, de apertura en términos de espiritualidad.

Esta práctica de ver el Sol llega a generar una reprogramación de nuestros surcos neuronales en base a toda la información “natural” que vamos recibiendo. Aprenderemos a conocer mejor de dónde venimos, lo que somos, y por qué no… a donde vamos.

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